La Hermandad del Indulto y la Langosta

16.10.2019

En 1756, durante el reinado de Fernando VI (1746-1759), los campos se diezmaron por culpa de los acrídidos (insectos ortópteros), capaces de acabar con la vegetación de grandes extensiones de terreno.

La epidemia de langosta fue devastadora en gran parte del territorio español como consecuencia de las sequías entre 1746 y 1758, colaborando con ella a agravar la situación, un alza de los precios de los productos agrícolas y fundamentalmente del trigo.

En Málaga, la Semana Santa es un acontecimiento anual que está cargado de sentimientos y tradiciones, y en algunos casos cuenta con historias realmente curiosas como la de aquella Semana Santa de 1759, cuando el azote de la plaga de la langosta llegó a tal magnitud que los hospitales contaban a los enfermos por docenas, los conventos no daban abasto, y con esta situación la peste también llegó a la cárcel de Málaga muriendo gran parte de los condenados, hasta que un grupo de ellos le rogó al alcaide de la prisión sacar en procesión la imagen de un Cristo nazareno que se advocaba en un convento cercano y por el que tanto fervor sentían. Sin embargo, el director no aceptó la petición, por lo que los presos se sublevaron y amotinaron, consiguiendo escapar de la penitenciaría para dirigirse directamente al convento donde tomaron en volandas la imagen, paseándola por todas las calles de Málaga implorando su ayuda. Los presos a las horas, devolvieron la imagen al convento, y todos los reos, volvieron a sus celdas ante el asombro del director de la prisión. La ciudad entera fue testigo del prodigio y  que la epidemia que amenazaba con acabar con la vida de todos, repentinamente, desapareció.

La hazaña, no tardó en llegar a oídos del rey Carlos III (1759-1788), quien asombrado por tanta devoción y fe, ese mismo año otorgó a la hermandad la aprobación Real para constituirse como Cofradía independiente con el nombre de "Jesús el Rico", y por esta muestra de fe y compromiso, decidió promulgar una ley por la que aquel nazareno, apodado "El Rico" , saliera cada año en procesión, y al pasar frente a la prisión, abrirse las puertas, en la Plaza de la Aduana para otorgarle la libertad de por vida a uno de sus reos.

La Cofradía año tras año ostenta el poder de indultar a un reo, como tradición por el privilegio otorgado por el rey Carlos III, con la colaboración del Cuerpo de Instituciones Penitenciarias de la provincia de Málaga y del Presidente de la Audiencia Provincial, estudiando cada caso exhaustivamente y seleccionando a cada uno de los reclusos que reúnen las condiciones necesarias, para que sean liberados por "Jesús El Rico". El Consejo de Ministros anterior al Miércoles Santo, que suele coincidir con el Viernes de Dolores, es el que toma la decisión definitiva, seleccionando entre los tres últimos candidatos sin delitos de sangre, en su mayoría delitos contra la salud pública, patrimonio y falsedades en general.

Se formalizó la forma del indulto basándose en una ley provisional que rige indultos españoles desde 1870 "Ley de 18 de junio de 1870, de Reglas para el ejercicio de la Gracia de indulto" que consta de tres Capítulos y 32 artículos.

CAPÍTULO I, consta de los 3 primeros artículos.

De los que pueden ser indultados

CAPÍTULO II, abarca del artículo 4 al 18.

De las clases y efectos del indulto

CAPÍTULO III, los 14 artículos restantes.

Del procedimiento para solicitar y conceder la gracia del indulto.

El hecho de que la ley del indulto sea de 1870, no la descalifica, pero lo que si es necesario es su adaptación a las realidades sociales actuales. Los reos solo tienen que cumplir una condición no escrita, participar en la procesión de la hermandad que les ha propuesto para ser indultado.

El ideólogo y encargado de llevar a cabo dicha ley fue Eugenio Montero Ríos, un ministro visionario para su época, partidario de la separación entre la Iglesia y el Estado, durante el gobierno provisional del General Prim en 1870, como ministro de Gracia y Justicia a su vez también introdujo importantes novedades, como la ley de Registro Civil y del Matrimonio Civil.


A los agricultores, que con su tesón y trabajo, podemos comer cada día, a los formados en Derecho que con su conocimiento nos permiten tener una seguridad jurídica dentro de un Estado de Derecho en el que vivimos, y por último y no menos importantes a las hermandades y sus cofrades, que cada primavera con su devoción y fe levantan al cielo en cada uno de los pueblos y ciudades españolas, la imagen que a ellos les representa. 

"Al cielo con ella"