El milagro de las bombas de la Virgen del Pilar

03.08.2021


A finales de julio de 1936, varios millares de anarquistas barceloneses avanzaron sobre Zaragoza. Entre sus dirigentes destacaba Buenaventura Durruti, un pistolero que causaba terror allí por donde iba, solía usar gorra de cuero, chaquetón del mismo material y su arma a la cintura. No le tenía piedad, a la hora de disparar y por aquel entonces era el líder anarquista más  sanguinario y famoso en España. Por esta razón, las descabaladas fuerzas que avanzaban hacia Zaragoza recibieron a posteriori la mítica denominación de Columna Durruti.

La Virgen del Pilar representaba la patrona de España.

Para los anarquistas tenía además otro significado: Zaragoza fue el lugar donde se había celebrado el último Congreso confederal apenas unas semanas antes. Las fuerzas anarquistas requisaron todos los vehículos y todas las armas que pudieron, y hasta contaron con una pequeña fuerza aérea propia, un Fokker F.VII de LAPE que sobrevolaba la columna en misiones de apoyo y reconocimiento. El Ejército tenía unos pocos más, que servían como "trimotores coloniales" en la pomposamente denominada África Occidental Española. El Fokker F.VII era un avión grande y robusto, y los ejemplares de LAPE fueron convertidos inmediatamente en bombarderos.

La aviación republicana descargó la madrugada del 3 de agosto de 1936, tres bombas sobre la Catedral-basílica de Nuestra Señora del Pilar, de las cuales dos de ellas consiguieron romper la estructura del templo, y penetrar en su interior, frente a la Santa Capilla. El tercer artefacto, se incrustó en el pavimento de la plaza, y ninguno de ellos consiguió explotar.

De lo que ocurrió aquel día, nos queda el testimonio de don Tomás Burillo. Un zaragozano, cuya familia tenía una tienda familiar desde mediados del siglo XIX, Tomás representaba a la cuarta generación a partir de su fundador, un abogado que prefirió las semillas a las discordias.

Según contaba en una entrevista concedida en el Heraldo de Aragón en 1966, relata la historia de la cuerda de la bomba: "me acompañaron una hermana y un hermano. Y vimos la bomba. Yo bajé en seguida esta cuerda que tenía preparada para cierta diligencia. El capitán nos advirtió a todos del peligro que corríamos, sobre todo en el momento de quitar la espoleta de la bomba. Pero allí permanecimos junto a él, hasta que fue arrastrada, muy despacio, después de haber conseguido ponerla sobre un almohadón que traía el coche. Hasta que lograron reducirla a la inocuidad. Después, yo recogí la cuerda, la enrollé parsimoniosamente y como si no hubiera pasado nada."

En la entrada a la Basílica están expuestas las dos bombas, en uno de los pilares cercanos a la Santa Capilla, y rodeada con banderas hispanoamericanas de Méjico, Haití, Costa Rica, Perú y El Salvador. La cubierta de la basílica conserva aún los boquetes que dejaron las bombas, y una cruz de mármol señala el lugar exacto de la plaza en el que cayó el tercero de los proyectiles cuyo impacto, según los relatos de aquella época, dejó en el pavimento la forma de una cruz, señal de Cristo crucificado.

A don Tomás Burillo, se le concedió una medalla de plata de la ciudad y la madrugada del 3 de agosto de 1936, pasará a la historia por ser el día que la Virgen del Pilar, obrara el milagro de las tres bombas.

Solo Dios sabe la causa, pero lo cierto es que la Basílica se salvó de una gran destrucción.